Herramienta de accesibilidad para
personas con discapacidad
Portal de Accesso
Mercado Abelardo Rodríguez.png

Uno de los primeros mercados que se construyeron en el periodo posrevolucionario muestra la envergadura del arte mexicano


Un proyecto cultural integral

La década de los treinta del siglo xx fue un momento decisivo para la historia del país. Atrás había quedado, al menos formalmente, la etapa de los enfrentamientos y las batallas que sacudieron todo el territorio nacional durante la Revolución. Era el tiempo para dar estabilidad a la vida social,por lo que fue necesario definir el papel de las instituciones.Puede ser discutible en términos históricos y políticos todo lo que sucedió, pero debemos aceptar que en esta etapa se sembraron las bases para el desarrollo posterior de México,en particular durante el periodo que comenzó con la presidencia de Plutarco Elías Calles y que culminó con la del general Lázaro Cárdenas.

En este contexto hay que entender la importancia de un recinto como el mercado Abelardo Rodríguez —llamado así en memoria de quien fuera gobernador de Sonora, militar destacado y presidente interino del país—, y que anterior-mente fue conocido como mercado del Carmen. Dicho mercado no sólo es un sitio destinado a la actividad comercial,sino que refleja los conceptos de seguridad social integral que estuvieron en boga por aquellos años y que siguen in-

fluyendo en la actualidad. Esto quiere decir que no solo se pensaba en levantar edificios para cumplir determinada función, sino en brindar varias posibilidades de crecimiento cultural en un tenor más amplio, lo que llevaría a la sociedad a entrar de lleno en la modernidad.

El mercado fue construido en 1934, en los terrenos que antes fueron ocupados por los jesuitas, que ahí edificaron el Colegio de San Gregorio. Se cuenta que en el huerto del colegio fue donde Manuel Tolsá realizó el fundido de bronce para la estatua ecuestre de Carlos IV, mejor conocida como «El Caballito». Está ubicado a espaldas del Antiguo Colegio deSan Ildefonso, en la esquina de las calles Rodríguez Puebla y Miguel Alemán y al noreste está franqueado por el callejón de Girón. A su costado, del lado de Venezuela, se encuentra el Teatro del Pueblo, que forma parte del mismo proyecto,con un aforo para quinientas personas, una amplia galería con patio central y salones en los que la gente puede aprender distintos oficios y técnicas artísticas. La construcción se complementa con una pequeña biblioteca y una guardería,que aún se encuentra en funcionamiento.

Las expresiones pictóricas

Caminar entre los pasillos de este mercado significa dejarse envolver por los pregones de quienes venden frutas, verduras y alimentos producidos al sur de esta ciudad, como el amaranto. Siempre es grato avanzar entre los puestos que ofrecen al paseante desde diversos tipos de carne y cereales hasta incienso, veladoras, amuletos de la suerte, hierbas para la medicina tradicional o juguetes, por ejemplificar algunas de las mercancías disponibles. Pero lo más singulares que pueden admirarse verdaderas obras de arte que fue-ron concebidas bajo la dirección de Diego Rivera, como sien cierto momento de la caminata fuéramos transportados a un auténtico museo viviente.

El proyecto inicial estuvo a cargo del arquitecto AntonioMuñoz y contemplaba un área de más de doce mil metros cuadrados. Desde su origen se destinó un espacio particular para albergar expresiones pictóricas. No hay que perder de vista que la escuela mexicana de pintura de aquel momento estaba centrada principalmente en el muralismo, por lo tanto estaban en boga las discusiones sobre el arte público y su integración en la vida cotidiana de las personas como un elemento fundamental de la cohesión social e incluso dela propaganda y la educación. De hecho, los artistas eran jóvenes alumnos de Diego Rivera, quienes seguían sus pa-sos, así como las rutas abiertas por David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

Los muros, vestíbulos y escaleras fueron pintados por los mexicanos Ramón Alva Guadarrama, quien murió de cáncer poco después de concluir el mural, Ángel Bracho,Raúl Gamboa, Pedro Rendón y Antonio Pujol.

A ellos se sumaron las hermanas Grace y Marion Greenwood. Ellas habían llegado a nuestro país un par de años antes, después de haber vivido en Nueva York y París;en este tiempo habían forjado una amistad creativa con el grabador Leopoldo Méndez, así como con el pintor estadounidense Pablo O’Higgins, quien también realizó una obra en ese lugar. Además participó el artista estadounidense-japonés Isamu Noguchi, quien realizó un relieve de cemento y ladrillo, en un área que actualmente funciona como Centro de Integración Juvenil.

Esta suma de trabajos refleja las inquietudes que por aquel momento se presentaban en el interior de la corriente muralista, abanderadas de un lado por Rivera y del otro porSiqueiros. Algunos de los jóvenes pintores eligieron técnicas más tradicionales, como la pintura al fresco y al temple,mientras que en el caso de Noguchi hay una búsqueda más cercana a la de las esculturas, al trabajar apoyado más en los volúmenes tridimensionales y el juego de sombras que en los colores y los trazos.

En todo caso, el mercado es representativo de una época en México y aunque quedan pocas señales de sus vestigios novohispanos, la sustancia histórica aún se siente en toda su magnitud al recorrerlo, sumergirnos en su barullo y con-templar la confluencia de búsquedas estéticas de los pinto-res de aquel momento, cuyas obras se han ido restaurando en los años recientes, como un esfuerzo de conservación del patrimonio cultural del Centro Histórico.