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Veinticinco años de arte de vanguardia entre muros históricos

Concebido como un edificio donde el fervor religioso pudiera ser expresado, así como el recogimiento y la oración continua a la imagen del Cristo de Ixmiquilpan o Señor de Santa Teresa, el convento de San José o Ex Templo de Santa Teresa la Antigua es hoy en día una de las sedes más importantes de arte contemporáneo que el país ofrece al mundo.

En la calle de Licenciado Primo de Verdad, entre el Palacio Nacional y el Templo Mayor, se erige este edificio de estilo barroco cuya construcción data de 1616. Antiguamente conocido como el convento de San José de las Carmelitas Descalzas, su fundación fue resultado de los esfuerzos de las monjas Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación, quienes interesadas en específicas prácticas de reflexión, como lo eran la oración mental y la penitencia, solicitaron a las autoridades eclesiásticas y virreinales un lugar donde se inculcaran la quietud y el silencio. Así, se propuso construir un templo de una sola nave donde feligreses pudieran ingresar por dos puertas gemelas en los costados sin incomodar a las monjas en su recogimiento.

Este bello edificio de 1616 tiene actualmente la vocación de mostrar las expresiones contemporáneas del arte.

Cuando se retiró el convento, en 1863, el edificio tuvo los más diversos usos, entre ellos, cuartel militar, archivo de la Secretaría de Hacienda, Escuela Normal para hombres, Universidad de Vasconcelos e imprenta del Diario Oficial.

La más reciente remodelación que se realizó al recinto, hecha en 1993, finalmente definió su función como museo. Esta brindó nueva funcionalidad al antiguo convento gracias a una estructura autónoma y removible, considerada una intervención enteramente «reversible», ya que no se encuentra recargada sobre la construcción original. El Ex Teresa Arte Actual pertenece al proyecto cultural del Instituto Nacional de Bellas Artes y ha cimentado su papel en los libros de historia cultural del país de tal forma que llegará en 2018 a su aniversario número veinticinco.

A pesar de encontrarse entre sedes que a su vez albergan obras de arte clásicas del muralismo, arte religioso y vestigios precolombinos, el Ex Teresa es considerado una de las referencias vitales en cuanto a espacios que muestran, documentan y alimentan el arte contemporáneo internacional; atrae a visitantes dispuestos a maravillarse tanto con su arquitectura, mezcla de su rica y compleja historia, como con una oferta de arte experimental, en especial de obras que conviven con la belleza del recinto y a la vez retan a los espectadores.

Este particular museo tiene como misión enlazar pro- puestas artísticas con el público, fortalecer el diálogo y brin- dar foros de intercambio y debate de ideas de todo tipo a través de manifestaciones, tanto individuales como colectivas, locales o internacionales, que tengan como origen corrientes de pensamiento emergentes y hagan uso de nuevos lenguajes visuales.

La oferta de arte contemporáneo que el Ex Teresa pone a disposición del público no se limita al arte plástico; incluye música, diseño, moda, arquitectura, fotografía, entre otras disciplinas de las que se puede disfrutar no solo dentro de sus instalaciones, sino como parte de proyectos extramuros. Destacan entre sus actividades mesas de análisis, talleres, conversatorios, proyecciones y conciertos donde se exploran la experimentación sonora y las posibilidades performáticas que ofrecen los nuevos medios. También es sede de trabajos documentales y de registro que incluyen narrativas desde la ciencia ficción hasta obras abiertamente políticas y de crítica social en forma de intervenciones, performances e instalaciones monumentales.

El museo se prepara para su vigésimo quinto aniversario y estrena el 2018 con una exposición de Lorena Mal, abierta al público hasta el 4 de marzo, la cual reúne piezas que la artista concibió a partir de su investigación en torno a la historia del exconvento. Destaca la serie «Pinturas perdidas», en la que construye, a través de instalación y performance, las diez imágenes dañadas por el sismo ocurrido en 1845, donde la cúpula y gran parte del ábside del antiguo edificio se derrumbaron. Este trabajo de revisión impulsó la pro- puesta de restaurar un total de doce murales pertenecientes al pintor y muralista mexicano Juan Cordero (1822-1884), situados en la capilla, actualmente deteriorados.

Dentro de las actividades programadas para el aniversario se encuentra la de fortalecer la relación entre la institución y la comunidad, entendiendo esta como público en general, vecinos y comerciantes de la zona no naturalmente vinculados con el arte, a través de obras del tipo «expansivo», es decir, no limitadas a las funciones que un edificio considerado patrimonio arquitectónico de la nación como lo es el Ex Teresa puede albergar.

El reto para el futuro es la creación, estimulación y di- versificación de públicos, así como el enriquecimiento de experiencias comunitarias a través de rescates no solo de la función artística del símbolo, sino de sus vestigios materiales, sonoros y hasta los silencios que son naturales al espacio. El Ex Teresa, así, continuará revigorizando movimientos artísticos y su viabilidad tanto local como internacional desde el corazón del Centro Histórico.


Por Jan de la Rosa

Revista Km Cero, número 110 febrero, 2018